A veces, las crisis sacan a flote lo mejor de las personas. Es así
cuando, por ejemplo, observamos en las guerras ciertos gestos de
humanidad y solidaridad y una vez más comprendemos cómo el apoyo y los
cuidados comunitarios son los que han salvado a la humanidad, en muchos
casos, para paliar los devastadores efectos de las importantes
conquistas “heroicas” que aparecen en los libros de historia. Y
recordamos una vez más que no son los grandes acontecimientos históricos
como las invasiones, sucesiones al trono o revoluciones, ni siquiera
algunos importantes descubrimientos científicos, los que han permitido
la supervivencia de la especie humana, sino la solidaridad y los
cuidados cotidianos (generalmente a cargo de las mujeres, las grandes
invisibles de la historia).
A veces, las crisis sacan a flote lo
mejor de las personas. Pero en las crisis económicas no siempre ocurre
así. En este caso, a veces, surgen las tendencias más enfermizas y
miserables de la condición humana: los miedos, la tacañería, el
egocentrismo, el pelear codo con codo para llevarte la mejor tajada del
pastel antes de que éste se acabe, rascar de donde se pueda un poco de
beneficio como si en ello nos fuera la vida.
Craso error, porque
la codicia y la tacañería no suelen atraer la abundancia sino todo lo
contrario: la escasez y las pérdidas de todo tipo, las cuales incluyen
la salud, las amistades y, en última instancia, incluso los
colaboradores, clientes o proveedores que nos permiten sobrevivir en el
mundo laboral.
En este informe vamos a analizar cómo la
amabilidad, la generosidad y la solidaridad son las mejores inversiones
para salir adelante en cualquier momento y, en especial, en tiempos de
crisis.
LO BUENO DE SER BUENO.
Prioriza la
humanidad y la generosidad sobre los intereses egocéntricos porque la
bondad es la única inversión que nunca quiebra.
Nuestra
cultura nos ha ayudado a propagar el mito del darwinismo social (la
supervivencia del más fuerte) y basándonos en la feroz filosofía de “si
tú ganas, yo pierdo”, a menudo parece que la consigna en la vida sea: yo
contra todos los demás.
Sin embargo, esta filosofía no sólo no
te conduce a ganar en ninguna de las facetas de la vida (especialmente a
medio y largo plazo, aunque también de inmediato) sino que, por el
contrario, conlleva numerosas pérdidas de todo tipo.
Linda Kaplan
Thaler y Robin Koval (directora general y creativa y presidenta
respectivamente de una de las empresas publicitarias más influyentes en
Estados Unidos) nos lo demuestran una y otra vez en su libro “Lo bueno
de ser bueno” (Alienta Editorial), haciendo suyas las palabras del
escritor norteamericano Harry David Thoreau según el cual “la bondad es
la única inversión que nunca quiebra”.
“En menos de una década
transformamos nuestra pequeña empresa recién nacida en una de las
agencias con un crecimiento más rápido, de facturación millonaria y
ámbito internacional, un éxito que no se consiguió con palos y lanzas
sino con flores y bombones. Nuestro crecimiento no ha sido el resultado
del miedo o la intimidación sino de las sonrisas y los cumplidos”, según
explican.
La paradoja, según Linda, es que a menudo parece que
la amabilidad tiene un problema de imagen, como si por detrás de ella no
hubiera algo serio o alguien de fiar. Sin embargo, en realidad, la
bondad, la cordialidad y la simpatía son las actitudes más poderosas,
eficaces y hasta revolucionarias en muchos casos, porque un
comportamiento amable y generoso significa avanzar con la clarividente
confianza de saber que tener en cuenta las necesidades de las demás
personas es la mejor manera de conseguir lo que deseas, que, en
cualquier caso, incluye también su satisfacción y felicidad.
LOS BENEFICIOS PERSONALES DE LA BONDAD.
Normalmente
son los pequeños detalles (las sonrisas, los gestos, los cumplidos, los
favores desinteresados), ya sea por tu parte o por parte de los demás,
los que hacen que tu vida cotidiana sea mucho más agradable, pero
además, cuando los haces tuyos, son estos gestos los que pueden cambiar
el guión de tu vida y revertir muy positivamente en tus proyectos
personales, de una manera u otra, antes o después. Y esto es así porque
cuando se aplican los principios de la simpatía y la cordialidad siempre
suele aparecer una segunda, tercera e incluso cuarta oportunidad.
Actuar con consideración hacia los demás no sólo te permite mejorar tus
relaciones sino que, sin ninguna duda, incidirá en que por la noche
puedas dormir mejor. Las personas cordiales y amables no sólo consiguen
antes lo que desean sino que, por añadidura, son más sanas y felices. Y
si no te lo acabas de creer, echa un vistazo a lo que nos dicen las
estadísticas al respecto.