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sábado, 5 de julio de 2014

Una hermosa reflexión

Un hermoso ejemplo, cuanto podemos aprender de nuestros hijos

sábado, 13 de abril de 2013

El secreto de la felicidad reconocer el presente y VIVIRLO


El secreto de la felicidad, según uno de los estudios más extensos y novedosos, tiene que ver sobre todo con mantener la atención en el presente –como si en el instante estuvieran las verdaderas riquezas de la vida.
Arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante.
Octavio Paz, Piedra de Sol
La mayoría de las personas aprenden a querer la felicidad por sobre todas las cosas. Más allá de que esto sea una impronta cultural, existe un importante factor de atracción en la felicidad: que parece brindar bienestar independientemente de las vicisitudes y circunstancias externas, con una entereza relativamente inviolable. Esto es al menos el entendimiento de la felicidad como ocurre en la filosofía y en la religión, y no tanto en la sociedad de consumo.

sábado, 16 de febrero de 2013

¿el deseo es causa de sufrimiento o circunstancia vital que da sentido a la existencia?


¿Es mejor desear y que la consecución de ese deseo nos transforme? ¿O no desear y evitar así el sufrimiento que conlleva sentir que necesitamos algo?
La naturaleza humana —si es que aún puede utilizarse dicho concepto— posee algunos elementos que la identifican como tal: la conciencia de sí, la empatía, la conciencia de la muerte y algunos más que forman una especie de red en la que todos están conectados secretamente entre sí, en la que es difícil señalar si hay alguno que precede a otro o viceversa.
En este sentido, hay uno en especial que podría mirarse como una especie de fuente o manantial primigenio del cual surge esa suma de circunstancias que explican la existencia de una persona: el deseo.
Aun en su forma primitiva —suponiendo que existió en algún momento del desarrollo evolutivo del hombre una especie de proto-deseo que seguía inclinado hacia los instintos pero en franca transformación con respecto a estos — el deseo puede considerarse ese empuje último que como especie nos separó para siempre del seno de la naturaleza, la expulsión edénica que, como querían Kafka y Borges, consiste en que somos incapaces de darnos cuenta en que seguimos en el Paraíso.
La esencia del deseo es paradójica: en su cariz más cruel, nos enfrenta a la realidad de nuestra insatisfacción, nuestra incompletud, al hecho de que necesitamos algo que no tenemos, siempre; en contraste, es esta misma conciencia la que nos anima y nos aviva, la que potencialmente nos empuja a hacer algo para conseguir y alcanzar eso que deseamos.
Esa es una manera de entender el deseo: como raison d’être, en su sentido más literal, como una circunstancia vital que, de no existir o, por el contrario, de satisfacerse realmente, quitaría todo sentido al hecho de ser y estar en este mundo.
Ahora bien, a esta conceptualización francamente lacaniana del deseo puede oponerse, en un juego de contrapuntos, la idea budista del deseo como causa del sufrimiento, como elemento que nos anuda y nos mantiene en los circuitos de miseria y dolor, que echa a andar los enrevesados mecanismos del apego y todas las consecuencias que esto conlleva. Desear algo es, aquí, sentir que ese algo nos hace falta, una sensación más bien cuestionable por ilusoria y que, en cierta forma, tiende naturalmente hacia su desaparición en una persona que sigue la doctrina budista.
Se trata, como se ve, de dos maneras de entender el deseo un tanto opuestas entre sí: ¿es mejor desear y que las acciones emprendidas para alcanzarse ese deseo nos transforme, preferentemente para bien, o no desear y con ese no desear igualmente alcanzar el equilibrio espiritual que dé paz a nuestra existencia?

viernes, 4 de julio de 2008

Sensibilidad emocional
En cuanto a la parte emocional, su sensibilidad se manifiesta en la habilidad de leer las “agendas” de los demás pues, a través de sus “suprasentidos” , perciben a nivel celular lo que está sucediendo. Por ello no aceptan el juego del poder, de la autoridad. Ellos captan que la autoridad es un mecanismo de control basado en el temor y ésta es una energía propia de tercera dimensión que no tiene cabida en la cuarta dimensión.

El temor es capitaneado por el Ego, el que nos hizo olvidar nuestro origen divino, el que tiene como pilar de sustentación, la separación, la duda y se manifiesta, entre muchas otras cosas, por mentira, control, manipulación, superioridad, inferioridad, impulsividad, violencia. Estos son mecanismos a través de los cuales los Índigo no funcionan, se rebelan, confrontan, pues no es una energía inherente a su frecuencia debido a que el temor es aprendido, es decir, no es intrínseco a nuestra esencia. Ellos vienen a crear una sociedad basada en el amor, la cooperación. En cambio, el temor separa, compite, descalifica, por ello no se alinean con la imposición o su contrapartida, la sumisión.
Se rebelan alegando el respeto a su individualidad, haciendo alarde de la realeza de su esencia. Para ellos, la honestidad y la apertura son la base del respeto, la autenticidad y la visibilidad es su mecanismo de vida, todos ellos, atributos propios de cuarta dimensión. De ahí que nos confrontan a los adultos al trabajo de las emociones, del autoconocimiento, del discernimiento de nuestro abordaje en relacionarnos, revisando si es desde el temor o desde el amor.

sábado, 28 de junio de 2008

Indigo, Sensibilidad Física



Hay que recordar que nuestra misión como padres y docentes de estos niños
es servir de puente entre esa particular sensibilidad e inteligencia para ayudarlos a canalizarla
y ser útiles a la humanidad.
A mi mail llego este articulo escrito por: María Dolores Paoli os comparto de mucha utilidad aprende a reconocer a quien esta a tu lado es bastante largo por tanto lo publicare en varias partes la primera sobre Sensibilidad física.

Físicamente, sus sentidos están más activos, su vista abarca un mayor campo visual percibiendo tonalidades de colores que los adultos, vibrando en tercera dimensión, no captan. Por ello, son hipersensibles a la luz fluorescente por lo que puede presentarse una distorsión de percepción ocular lo cual acarrearía problemas de lectura y escritura. Pueden, desde muy pequeños, percibir fácilmente el aura de las plantas, animales y personas.
Utilizan su intuición visual percibiendo la energía, la frecuencia de luz, que emana de las personas u objetos. Por ejemplo, si se llama a un bebé mentalmente, intuitivamente, el bebé volteará a ver el origen de la emanación de la energía, captada inicialmente por una frecuencia de onda mental y buscará de dónde viene la luz que está percibiendo. Su alerta va más allá de sus sentidos físicos, utiliza los “suprasentidos” (extensión de los sentidos físicos que vibran en una rata más sutil pero que se apoyan en los sentidos físicos para desarrollar sus antenas interdimensionales) .
Auditivamente perciben decibeles de mayor alcance por lo que son muy sensibles a ruidos estridentes, los cuales les aturden. Por otro lado, su sentido olfativo está muy asociado a la identificación. Con gran facilidad captan la vibración olfativa que emana el olor de la persona, sitios, objetos, al igual que detectan olores a distancia. Son muy sensibles a olores de químicos que los irritan y desequilibran, así como olor a tabaco, perfumes, pesticidas. En cuanto al gusto vemos que tienen preferencias e inclinaciones muy definidas desde temprana edad en la comida. Tienden más bien a ser vegetarianos espontáneamente desde pequeños, con mayor inclinación por las frutas. Desarrollan frecuentemente sensibilidad reactiva o tóxica por determinadas comidas, en especial aquellas que tienen aditivos, preservativos y colorantes. En cuanto al tacto, es el órgano a través del cual manifiestan mayor sensibilidad. Reaccionan a nivel cutáneo con urticarias y alergias a todo lo que no está hecho con materiales cien por ciento naturales, de ahí su incomodidad a las gomas de la ropa interior, las etiquetas y las mezclas de materiales sintéticos en contacto con la piel.
Los Índigo duermen menos, pudiendo descansar plenamente en cuatro horas mientras que a los adultos, de tercera dimensión, nos lleva ocho horas recuperarnos. Comen menos y tienen más energía pudiendo, como Índigo adultos, ser más productivos en menor tiempo, pues tienen la capacidad espontánea de comprimir el concepto de tiempo cronológico. Para ellos no hay tiempo lineal sino interdimensional.

NAMASTE