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sábado, 5 de julio de 2014

La triste obligación de ser feliz.....

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 Happiness is a warm gun…
John Lennon
La persecución de la felicidad es tal vez el mayor cliche cultural que nos acecha: las imágenes de sonrisas desbordadas que deambulan en redes sociales, los grandes hits musicales diseñados para celebrarla, los épicos finales felices de Hollywood, libros de auto-ayuda, sectas semi-místicas y coloquios ‘superacionales’ orientados a ayudarte a alcanzar esta experiencia. En Internet cada vez son más populares los instructivos, consejos, o rutas para ser feliz –incluso aquí hemos publicado textos como “Estos son los hábitos de las personas verdaderamente felices”, o “La atención presente es la clave de la felicidad”.  Sobrados son los ejemplos que tenemos de esta búsqueda masiva –por cierto aprovechada hábilmente por el mercado bajo la promesa de que, sí consumes, alcanzaras dicho estado.  Pero, ¿qué es la felicidad? ¿existe? y en caso afirmativo ¿es algo que puede ‘conseguirse’?
Disertar sobre la probable naturaleza de la felicidad sería tarea larga, polémica e inevitablemente imprecisa –quizá por que está diseñada para vivirse y no para describirse o demostrarse. Pero en todo caso ya lo intentamos alguna vez, hace un par de años, en el texto “Es probable que alcanzar la felicidad sea algo imposible”. Independientemente de esto, la ansiedad cultural por ser feliz resulta un tanto nefasta, en parte por que la felicidad no debiera considerarse como una ‘obligación’, como un criterio para determinar la riqueza de una existencia en particular y, ni siquiera, creo, debiera de postularse como un objetivo de vida. 
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3 casos para reflexionar un poco
Recuerdo un estudio realizado por un psicólogo de la Universidad de Stanford, que comprobó que contemplar la felicidad ajena en Facebook nos deprime. Cito este ejemplo por que creo que ilustra un par de aspectos que distinguen a esta filosofía de vida pop, la cual podríamos denominar como el “be happy”. Repasemos brevemente lo que proyecta este fenómeno.
Por un lado, nos encontramos con que la felicidad debe, idealmente, demostrarse –es básico documentar tus momentos aparentemente felices y compartirlos. Creemos que por ver a una persona constantemente sonriente, por ejemplo una celebridad en las revistas de entretenimiento, esa persona no solo es realmente feliz, sino que lo es de manera consistente. Entonces, al ver en Facebook las fotos de mis “amigos” irradiando felicidad, tiendo a pensar que, como tal vez yo en ese momento no me encuentro en esa misma frecuencia, ellos son más felices que yo, y eso me deprime.
Otro caso interesante es la campaña #100HappyDays, que reta a las personas a vivir diariamente, durante cien días, un momento feliz y a publicar en una red social la prueba, o el detonador, de ese momento. Si bien esta iniciativa apela a que los actuales ritmos de vida no te permiten tener tiempo para vivir momentos felices, pues no logras estar jamás en el aquí y ahora, una reflexión que parece pertinente, la frívola invitación a experimentar y documentar cien días de felicidad raya en lo patético. ¿Por qué tengo que acumular happy points durante poco más de tres meses y demostrarlo en mis redes sociales para que yo mismo me lo crea? ¿Qué pasa si un día simplemente no estoy en ánimo de vivir momentos felices y prefiero, por ejemplo, entregarme a la nutritiva elegancia de la melancolía? ¿Pierdo mis happy points? ¿Y si elijo guardar algunos de mis instantes de felicidad en un jardín secreto, y no ventilarlos en mi Twitter, entonces fracasé?
El tercer y último ejemplo que me gustaría citar es la aplicación Jetpac, por cierto creada para conmemorar el “Día Internacional de la Felicidad”, y la cual determina que países son los más felices de acuerdo al tamaño de las sonrisas de los retratos que usuarios de cada país publican en su Instagram. Entonces los que más sonríen, y los que sonríen más grande, automáticamente obtienen la distinción de “los más felices”.
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Como podemos ver, los tres casos que hemos repasado tienen como hilo conductor la necesidad de demostrar ante otros la felicidad. Esto, en el mejor de los escenarios, me remite a que para avalar mi experiencia primero tengo que certificarla ante una comunidad externa, y entonces si creerla. Pero también podría remitirnos a una especie de competencia para ver quién es más feliz o a una angustia ante la naturaleza pasajera de dicho estado, lo cual me exige ‘inmortalizarla’ rápidamente en una fotografía.
Conclusión
Me cuesta creer que la felicidad es un estado externo, asequible, y contemplable. Además, pareciera que en todo caso es una experiencia que para encontrar no debe buscarse, sino simplemente resulta de un conjunto de acciones o actitudes que adoptas de forma acertada y entre cuyos beneficios se incluyen momentos felices.
En lo personal me parece mucho más atractiva “esa sobria calma que podríamos llamar ‘paz interior’ (algo así como contemplarnos frente a un espejo, en silencio, y degustar imperturbables el reflejo de todo el universo).” Y sinceramente no podría concebir una dinámica en la que yo documentó y comparto esos instantes en los que me siento tranquilo conmigo, con mi entorno, y con la interacción entre ambos.
Creo que la felicidad corresponde más a un estado efímero, que por momentos sube y, como tal, tendrá que bajar. De hecho Dostoievsky advertía que la felicidad es eso que experimentamos tras un encuentro con lo más profundo de la infelicidad, mientras que Jung afirmaba que, sin momentos de tristeza, la felicidad pierde cualquier sentido. Pero en todo caso, más allá de cuál sea tu opinión al respecto, te invito a no sentirte obligado a ser feliz, a no necesitar de una foto que documente tu momento feliz para considerarlo genuino, y a reflexionar sobre las maravillas de otros estados, por ejemplo la melancolía o, por qué no, la tristeza.
En fin, sonríe y, si lo logras, no olvides capturar el momento. 
Twitter del autor: @ParadoxeParadis 

viernes, 4 de octubre de 2013

La curiosidad

Nacemos curiosos. Los niños experimentan jugando, probando cosas nuevas. Y parece que de adultos frenamos nuestra curiosidad y nos disgustamos cuando las cosas no se ciñen al guión preestablecido. Los niños, en cambio, reinventan la historia y siguen jugando sin darle mayor importancia. Para recuperar nuestro espíritu “aventurero” ante el error (y ante la vida) necesitamos, como primer paso, despertar nuestra curiosidad y preguntarnos: ¿Qué puedo aprender?
La curiosidad es un gran motor para nuestra felicidad, al que “curiosamente” no se le ha prestado mucha atención ni en el ámbito de la psicología ni en el mundo de las empresas. Tal vez porque nuestros padres confundían curiosidad con indiscreción –¿a quien no le ha dicho su madre aquello de “niño, no seas curioso”? Tal vez, en el ámbito empresarial no se ha considerado una fuerza tan “noble” como la motivación o el compromiso. Sin embargo, está en la base de desarrollo del talento personal y profesional. Y así también lo están demostrando las ciencias sociales. Echemos un vistazo a las conclusiones de algunas de las investigaciones para demostrar su importancia:

sábado, 1 de junio de 2013

Aún vive en ti un niño? Entonces feliz día!

Niño interior



Hoy celebramos un nuevo día del niño, y generalmente niño se asocia con la edad, algo completamente fuera de la lógica ya que ser niño, el conocerse como uno es un estado emocional de una evolución continua, de siempre estar creciendo.

Sé que has oído más de una vez lo de recuperar el niño interior, ese personaje que habita en cada uno de nosotros que conecta con nuestros primeros sueños, con nuestras primeras emociones, con nuestras primeras experiencias, con nuestro primer yo.

Y sí, puede que a ti todo esto te resulte extraño. Puede, no sé, que tu niño  interior quedara sepultado entre las ruinas de tu primera casa, puede que ni te acuerdes de él. Y lo asocias con eso de sanar, de restañar viejas heridas. Y sé que, quizá, no tienes ganas de remover entre los cascotes para ni saber lo que te vas a encontrar.

Porque puede que te hicieras mayor demasiado pronto, puede que te olvidaras de él enfrascándote apresurado en el mundo adulto, puede que lo dejaras en seguida de lado abrumado por tu destino, no sé.
Si quieres no lo llames niño interior y simplemente llámalo tu esencia, o tu tesoro. Y más que una labor farragosa e intensa, tómatelo como un juego. Y juega. Quizá no lo recuerdes, pero jugar es quitarle la Z a juzgar, liberarte de su peso, dejarte llevar sin pretensiones. Y quizá convertir la búsqueda en un juego de piratas, un tesoro oculto en un galeón enemigo.
Y sí, puede que no resulte fácil la aventura. Tendrás que aprender a desplegar bien tus velas, a abordar tus debilidades, a asaltar a tus saboteadores, a luchar contra tus propios enemigos,… Pero si le das emoción, le pones pasión, la bañas de alegría, todo será mucho más sencillo, y puede que hasta divertido.
Y quizá cuando encuentres el tesoro, cuando te encuentres a ti mismo, verás que ya no es tan diferente a ti, que el propio juego te ha conducido a ti mismo. Y seguramente lo abrazarás, y seguramente te emocionarás, y seguramente hasta llorarás.
Y aunque sólo buscabas jugar, sólo querías disfrutar, ese abrazo, esa emoción, esas lágrimas, también te sanarán, y te harán sentirte orgulloso del trofeo obtenido.


Como reconocer y cuidar de nuestro niño interior
Todos tenemos muy dentro nuestro un niño, el niño que fuimos, el niño que sigue siendo. Nuestro niño simboliza nuestros sueños y proyectos más profundos, nuestra necesidad de disfrute, juego, arte, naturaleza, amigos, amor, cuidado y aceptación incondicional.
Cuanto más nutrimos a nuestro niño más plena es nuestra vida. Nutrirlo es escucharlo, sentirlo, satisfacer sus necesidades, atenderlo, contenerlo. Cumplir sus sueños es cumplir nuestros sueños. En definitiva ser padres de nosotros mismos.

Es importante poner el acento en la atención y el cuidado del niño interior. El vacío, la angustia, la tristeza, la ira son pedidos desesperados del niño que clama por nuestra compañía, escucha, contención y afecto. El niño llora por sus carencias, dolores y falta de atención. Muchas veces ese vacío y esos llantos guardados son llenados con objetos adictivos (alcohol, comida, sexo, compras, internet, drogas, cigarrillo, etc.). Estar en contacto con nuestros sentimientos, amarnos y aceptarnos incondicionalmente, brindarnos afecto, hacer lo que realmente nos hace bien,  es el gran paso para la transformación de nuestra vida.

sábado, 13 de abril de 2013

El secreto de la felicidad reconocer el presente y VIVIRLO


El secreto de la felicidad, según uno de los estudios más extensos y novedosos, tiene que ver sobre todo con mantener la atención en el presente –como si en el instante estuvieran las verdaderas riquezas de la vida.
Arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante.
Octavio Paz, Piedra de Sol
La mayoría de las personas aprenden a querer la felicidad por sobre todas las cosas. Más allá de que esto sea una impronta cultural, existe un importante factor de atracción en la felicidad: que parece brindar bienestar independientemente de las vicisitudes y circunstancias externas, con una entereza relativamente inviolable. Esto es al menos el entendimiento de la felicidad como ocurre en la filosofía y en la religión, y no tanto en la sociedad de consumo.

sábado, 16 de febrero de 2013

¿el deseo es causa de sufrimiento o circunstancia vital que da sentido a la existencia?


¿Es mejor desear y que la consecución de ese deseo nos transforme? ¿O no desear y evitar así el sufrimiento que conlleva sentir que necesitamos algo?
La naturaleza humana —si es que aún puede utilizarse dicho concepto— posee algunos elementos que la identifican como tal: la conciencia de sí, la empatía, la conciencia de la muerte y algunos más que forman una especie de red en la que todos están conectados secretamente entre sí, en la que es difícil señalar si hay alguno que precede a otro o viceversa.
En este sentido, hay uno en especial que podría mirarse como una especie de fuente o manantial primigenio del cual surge esa suma de circunstancias que explican la existencia de una persona: el deseo.
Aun en su forma primitiva —suponiendo que existió en algún momento del desarrollo evolutivo del hombre una especie de proto-deseo que seguía inclinado hacia los instintos pero en franca transformación con respecto a estos — el deseo puede considerarse ese empuje último que como especie nos separó para siempre del seno de la naturaleza, la expulsión edénica que, como querían Kafka y Borges, consiste en que somos incapaces de darnos cuenta en que seguimos en el Paraíso.
La esencia del deseo es paradójica: en su cariz más cruel, nos enfrenta a la realidad de nuestra insatisfacción, nuestra incompletud, al hecho de que necesitamos algo que no tenemos, siempre; en contraste, es esta misma conciencia la que nos anima y nos aviva, la que potencialmente nos empuja a hacer algo para conseguir y alcanzar eso que deseamos.
Esa es una manera de entender el deseo: como raison d’être, en su sentido más literal, como una circunstancia vital que, de no existir o, por el contrario, de satisfacerse realmente, quitaría todo sentido al hecho de ser y estar en este mundo.
Ahora bien, a esta conceptualización francamente lacaniana del deseo puede oponerse, en un juego de contrapuntos, la idea budista del deseo como causa del sufrimiento, como elemento que nos anuda y nos mantiene en los circuitos de miseria y dolor, que echa a andar los enrevesados mecanismos del apego y todas las consecuencias que esto conlleva. Desear algo es, aquí, sentir que ese algo nos hace falta, una sensación más bien cuestionable por ilusoria y que, en cierta forma, tiende naturalmente hacia su desaparición en una persona que sigue la doctrina budista.
Se trata, como se ve, de dos maneras de entender el deseo un tanto opuestas entre sí: ¿es mejor desear y que las acciones emprendidas para alcanzarse ese deseo nos transforme, preferentemente para bien, o no desear y con ese no desear igualmente alcanzar el equilibrio espiritual que dé paz a nuestra existencia?

sábado, 9 de junio de 2012

Ser un buen padre.. Recomendado para Hombres

En los actuales tiempos se evidencia cada vez más la destrucción del nucleo familiar miro con mucha sorpresa que la gente tiene cada vez mas posesiones y casas y existen menos "hogares".
Tiene mucho que ver los estilos de vida los "modelos" a seguir que se difunden en los medios de comunicación.


Esto tiene como resultado el cambio y posterior destrucción del nucleo familiar   


Al transcurrir de los años se ha descubierto que uno de los grandes problemas que ha causado la separación y el desenfreno de los hijos es la carencia de modelos masculinos efectivos o de padres ejemplo en su hogar.


sábado, 26 de enero de 2008

Ser Feliz

Muchas veces me han preguntado " que es ser Feliz?" muy difícil de contestar dependiendo si en ese momento te encuentras en un punto de tu vida en el cual puedes decir a alguien mas que es ser feliz, un esta do de animo, un estado de conciencia, un punto de vista, existen muchas posibilidades, y después de tanto pensarlo llegue a una muy simple y básica conclusión a un nivel muy personal, SER FELIZ es simplemente respirar, mirar lo creado, disfrutarlo, es dejarte llevar por tus pensamientos, es amarlo todo y dejarse amar también.

Si todos en un momento cierran los ojos y simplemente respiran vivirán de cerca la felicidad, es que los seres humanos nos complicamos de manera "gratuita y voluntaria" nuestra vida y con esto alejamos a nosotros mismos de ese comulgar en Felicidad.

Lo que les puedo decir es sean felices aun frente a toda la infelicidad que tenemos cerca solo es cuestion de vivir como nosotros queremos, es nuestra elección.